Traducción jurada y Apostilla de La Haya: cómo se combinan

Traducción jurada y Apostilla de La Haya_ cómo se combinan

Has recibido un correo con una frase inquietante:

“Recuerde que este documento debe estar apostillado y acompañado de su traducción jurada.”

Y tú piensas: “¿Apostilla? ¿Traducción jurada? ¿Qué es todo esto? ¿Y en qué orden lo hago? ¿Qué pasa si lo hago mal?”

Bienvenido al mundo de los documentos internacionales, donde una coma fuera de sitio o un sello mal puesto puede hacer que tu expediente rebote como una pelota en aduanas.

En este artículo te vamos a contar, sin rodeos y con ejemplos reales, cómo se combinan correctamente la traducción jurada y la Apostilla de La Haya. Qué va antes. Qué pasa si inviertes el orden. Qué hacer si tu documento es multilingüe. Y, sobre todo, cómo evitar errores que podrían invalidar todo el trámite.

Sí: burocracia con corazón. Vamos allá.

¿Qué es una traducción jurada y por qué la necesito?

No es solo una buena traducción. Es una traducción con sello, firma y responsabilidad legal.

Una traducción jurada es una traducción oficial que lleva la firma y el sello de un traductor jurado autorizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores (u otras autoridades reconocidas en otros países). Esto no es un detalle decorativo. Es lo que le da validez legal.

Un traductor jurado no solo traduce. Certifica que lo que ha traducido es fiel y exacto. Se hace responsable ante cualquier organismo. En papel, y ahora también de forma digital, con firma electrónica reconocida.

¿Qué tipo de documentos suelen necesitar traducción jurada?

Prepárate para esta lista. Es más habitual de lo que parece:

  • Partidas de nacimiento, matrimonio o defunción.
  • Títulos académicos, certificados universitarios.
  • Expedientes judiciales, sentencias, autos.
  • Escrituras notariales, poderes.
  • Certificados médicos o penales.
  • Contratos mercantiles y laborales.

Consulta cómo trabajamos este tipo de traducciones.

“Mi primo habla inglés perfectamente, ¿puede traducírmelo?”

No. Aunque lo hable mejor que Shakespeare. Una traducción jurada debe hacerla un traductor jurado, con su firma, su número de registro, su sello oficial y su certificación. Si no, olvídate de que el documento sea válido ante ninguna autoridad.

¿Y la Apostilla de La Haya? La otra mitad del rompecabezas

No traduce. Pero sí autentifica.

La Apostilla de La Haya es un certificado que demuestra que la firma de un documento público es auténtica. Nada más. Pero también nada menos.

Es como si un notario internacional dijera: “Sí, esta firma es de quien dice ser, y este documento es real.” Es un sistema que evita la legalización consular, y simplifica las cosas entre países que forman parte del Convenio de La Haya de 1961.

¿Qué países la aceptan?

Más de 120 en 2025. Prácticamente toda Europa, América Latina, buena parte de Asia, y países como EE. UU., Australia, Sudáfrica o Japón. Marruecos, por ejemplo, forma parte. China, no.

¿Qué se puede apostillar?

  • Documentos del registro civil (nacimientos, defunciones…).
  • Documentos judiciales.
  • Títulos y certificados académicos oficiales.
  • Documentos notariales.
  • Actas de empresa.

Ojo: la Apostilla no es para traducir documentos, es para certificar firmas oficiales.

Cómo se combinan realmente: traducción jurada y apostilla, paso a paso

¿Qué va primero? Spoiler: la Apostilla

Error típico de muchos: primero traducen el documento, y luego lo llevan a apostillar. Resultado: la apostilla no está traducida, y por tanto el documento completo no es válido fuera del país.

Orden correcto:

  1. Apostilla el documento original.
  2. Lleva ese documento apostillado al traductor jurado.
  3. Recibe una traducción jurada completa del documento + la apostilla.

¿Se traduce también la Apostilla?

Por supuesto. Es parte del documento. El traductor jurado no puede dejar fuera nada que sea relevante para que una autoridad extranjera entienda el conjunto.

Caso práctico: certificado de nacimiento para Estados Unidos

  1. Solicitas tu certificado de nacimiento en el Registro Civil.
  2. Lo llevas al Ministerio de Justicia o Tribunal Superior de Justicia y pides que lo apostillen.
  3. El documento apostillado lo mandas a un traductor jurado.
  4. Recibes una traducción jurada con la traducción del certificado y de la apostilla.

El resultado: un documento que sí es aceptado por USCIS, universidades, consulados o empresas.

Lo que debes hacer si no quieres volver al punto de partida

Paso 1: Verifica si el país de destino acepta apostilla

Si no es parte del Convenio de La Haya, necesitarás una legalización consular más compleja. Consulta siempre con la autoridad del país receptor.

Paso 2: Apostilla tus documentos originales

Hazlo antes de traducir. El lugar varía según el documento:

  • Civiles → Ministerio de Justicia o delegaciones.
  • Notariales → El propio notario.
  • Académicos → Universidad o Ministerio de Educación.

Paso 3: Encarga la traducción a un traductor jurado

Envía el documento ya apostillado. Asegúrate de que el profesional:

  • Sea traductor jurado oficial.
  • Traduce también la apostilla.
  • Te entrega la traducción firmada, sellada y certificada.

Paso 4: Revisa los requisitos de la institución destino

No todas las universidades o embajadas piden lo mismo. Algunas aceptan traducciones al inglés, otras exigen el idioma local. Y algunas quieren que se usen traductores jurados locales, aunque tu traducción esté perfecta.

Trucos, consejos y preguntas frecuentes de verdad

¿Puedo hacer primero la traducción y luego apostillar?

No lo hagas. Te tocará traducir dos veces. Y el documento no será válido.

¿La traducción jurada necesita apostilla?

No. Lo que se apostilla es el documento original. La traducción jurada ya tiene su validez legal gracias al traductor jurado.

¿Puedo usar una traducción jurada para varios trámites?

Sí, si tienes copias certificadas. Pero a veces te exigen el original con sello en papel. Lo ideal: pide varias copias al encargarla.

¿Y si el documento está en catalán o euskera?

El traductor trabajará con la versión oficial en castellano, salvo que le pidas lo contrario. En todo caso, nos adaptamos a lo que necesites.

Lo importante no es solo traducir, es hacerlo bien

Nadie te prepara para esto. No hay asignatura en el colegio llamada “Cómo presentar tus papeles en otro país sin perder la cabeza”. Pero aquí estamos nosotros para ayudarte.

Una traducción jurada no es una formalidad. Es un acto legal. Lo mismo ocurre con la Apostilla. Combinarlos mal puede arruinar semanas de gestiones.

En Traductores Jurados iTrad, lo tenemos claro: traducimos tus documentos con precisión jurídica, experiencia real y acompañamiento completo. Te explicamos los pasos, te ayudamos a no equivocarte y entregamos traducciones que cruzan fronteras sin fricciones.

Porque lo oficial no tiene por qué ser complicado. Solo necesita hacerlo alguien que sepa lo que hace.

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